La violencia armada volvió a sacudir al país. El representante a la Cámara por el Huila, Julio César Triana, denunció que él y su equipo fueron víctimas de un atentado con armas de fuego en el municipio de La Plata, mientras se dirigían a Paicol. Aunque salieron ilesos, el ataque pone en evidencia el alarmante deterioro de la seguridad en las regiones, con un recrudecimiento que no se veía desde hace más de dos décadas.
Un ataque en una zona con presencia de grupos armados
En su cuenta de X, Triana relató que su comitiva fue atacada a disparos y solicitó apoyo urgente de la Policía Nacional y el Ejército.
“A pesar de los impactos de bala, gracias a Dios, mi equipo de trabajo y yo salimos ilesos”, señaló el congresista.
El presidente Gustavo Petro confirmó que se envió un helicóptero para la evacuación del parlamentario y que tropas del Ejército se encontraban en combate con los responsables. Según el mandatario, en la zona opera la estructura criminal del narcotraficante “Iván Mordisco”, disidencia de las FARC.
Una violencia que vuelve a escalar
Este nuevo atentado revive los recuerdos más oscuros de los años 90 y principios de los 2000, cuando la clase política, líderes sociales y la población civil fueron blanco recurrente de ataques armados. El hecho no es aislado: en los últimos meses se han multiplicado las denuncias de extorsiones, secuestros, masacres y atentados en varias regiones del país.
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La situación plantea un panorama crítico: el fortalecimiento de estructuras criminales, la expansión de economías ilícitas y la incapacidad del Estado para garantizar seguridad incluso a sus representantes. El caso de Triana demuestra que la violencia no discrimina y está golpeando el corazón mismo de las instituciones.
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